Adiós a Peter Falk, el inolvidable Colombo

25/06/2011
Juan Luis Sánchez
Adiós a Peter Falk, el inolvidable Colombo
Nacido el 26 de septiembre de 1927 en Nueva York, Peter Michael Falk era hijo de una rusa y de un polaco. Tuvo una infancia desdichada por culpa de un tumor maligno que le dejó sin el ojo derecho a los 3 años. Al principio lo pasaba mal. “Mi ojo era el chiste favorito de mi barrio”, comentaba en las entrevistas, pero pronto consiguió sobrellevarlo. “Cuando una cosa así te pasa de pequeñito, aprendes a vivir con ello”.

Durante la II Guerra Mundial no pudo alistarse en los marines, como era su deseo, por culpa de su ojo de cristal. Tras pasar un año trabajando como cocinero en un barco mercante, se licenció en Ciencias Políticas en New School University, y estudió interpretación en el White Barn Theatre, de Westport (Connecticut). Su primer papel profesional fue en un montaje de “Don Juan” de Molière, en el Off-Broadway. Pronto se convirtió en un intérprete habitual del circuito de teatros alternativos, por lo que consiguió un enorme prestigio. Y eso que al principio de su carrera un agente le dijo: “Chaval, nunca llegarás a nada con ese ojo”. El tiempo dejaría a aquel hombre a la altura del betún.

En cine debutó con un papel breve, como escritor, en Muerte en los pantanos, de Nicholas Ray. Por El sindicato del crimen recibió una nominación al Oscar al mejor secundario, gracias a su brillante interpretación como Reles, un asesino a sueldo de la mafia neoyorquina de los años 30. Otro papel relacionado con la mafia le hizo merecedor de una nueva nominación, Joy Boy, la mano derecha de El Dandy (Glenn Ford) en Un gángster para un milagro. En la cinta del maestro Frank Capra, Falk aportaba buenos golpes de humor.

Y es que Falk brillaba en el terreno de la comedia, como lo demuestran su pequeño papel de taxista en El mundo está loco, loco, loco, y especialmente el de Maximiliam, el hilarante secuaz del malvado profesor Fate (Jack Lemmon) en La carrera del siglo, de Blake Edwards.

Pero la popularidad le llegó a Peter Falk tras el telefilm Prescription: Murder, donde interpretó por primera vez al teniente Colombo, un tipo que parecía desastroso, desaliñado y poco inteligente, y que sin embargo ocultaba una enorme perspicacia que le llevaba a resolver los más complicados asesinatos, que repetía siempre la misma frase: “Una cosa más…”. Nunca llegó a tener nombre de pila, pero tuvo tanto éxito que rodó en total 69 telefilms similares entre 1968 y 2003.

Falk alternó los episodios de Colombo con otros trabajos. Su amigo John Cassavetes recurrió a él para dos de sus mejores películas, Maridos y Una mujer bajo la influencia, aunque también hizo un cameo en Noche de estreno. Realizó un memorable duelo interpretativo con Alan Arkin en la comedia Los suegros, donde era agente de la CIA. Fue también una estrella del cine, en El cielo sobre Berlín, de Wim Wenders y sobre todo, el abuelo que leía un inolvidable relato a su nieto en La princesa prometida.

A finales de 2007, su estado de salud empeoró tras someterse a diversas operaciones dentales. No se supo si era por culpa de una reacción a la anestesia, pero se sumió en la demencia senil, y empeoró tras una operación de cadera. Aún así, siguió trabajando mucho tiempo, hasta American Cowslip, de 2009, donde interpretaba un pequeño papel.

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