Ajedrez y cerebro: ¿Jaque al Alzheimer?

Autor – radiofeyalegrianoticias.net el 20 feb, 2012

Piezas blancas y negras, un tablero, dos jugadores y una alta dosis de concentración, táctica y estrategia. Éstos son los elementos necesarios para que una partida de ajedrez se ponga en marcha y se convierta, inevitablemente, en un desafío encantador, tanto para la mente del jugador como para la del eventual espectador.

Cada vez que se mueve el peón blanco y se da inicio a la partida —o incluso antes, cuando se planean los primeros movimientos—, en el cerebro del jugador se activan distintas áreas relacionadas con la memoria a largo plazo, que continúan activas más allá de la partida, si la práctica del juego es continua. De acuerdo con investigaciones científicas que estudiaron el cerebro de los ajedrecistas, se observó que, a medida que avanza su formación, esas áreas —bancos de memoria— permanecen activas en auxilio de la práctica del ajedrez y permiten mejorar la performance no sólo durante el juego, sino en otras actividades de la vida cotidiana. Por eso, muchos especialistas recomiendan practicar el ajedrez y otros juegos mentales para prevenir la aparición de enfermedades como el Alzheimer.

Reserva cognitiva
“Cuando un jugador con experiencia está frente al tablero, recurre a estos bancos de memoria, que hacen a lo que se llama la reserva cognitiva y permiten mejorar la performance en el juego”, explica el doctor Miguel Ángel Pagano, neurólogo argentino, jefe de Neurología del Hospital Fernández y profesor de la cátedra de Neurología de la Universidad de Buenos Aires. Además, Pagano practica el ajedrez desde su juventud e integra la comisión directiva del Club Argentino de Ajedrez, fundado en 1905.

“La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad que afecta las estructuras del sistema nervioso central, concretamente ambos hemisferios cerebrales, en donde se producen alteraciones de tipo degenerativas”, explica Pagano. Debido a estas lesiones neuronales que ocurren en la corteza cerebral, que suelen comenzar en ciertas áreas de los lóbulos temporales, se produce un deterioro cognitivo progresivo que afecta varias áreas, como la memoria, pero también la atención, la concentración, el juicio y el lenguaje, lo que provoca que el paciente tenga dificultades de conexión con el medio ambiente que lo rodea.

Pérdida de memoria

La manifestación clásica de la enfermedad de Alzheimer es la pérdida de la memoria. “Esto asusta, porque se trata de un fenómeno que ocurre en personas que no tienen Alzheimer ni tampoco la van a padecer”, explica Pagano, quien agrega que la imposibilidad de recordar nombres, fechas o números telefónicos alimenta el temor a tener la enfermedad y es motivo habitual de consulta con el médico.

En aquellos casos en los que sí se desarrolla la enfermedad, ese trastorno de la memoria se hace más pronunciado y comienza a alterar la vida diaria —el trabajo, el ámbito familiar, las relaciones interpersonales—. “Muchos de estos pacientes no tienen una conciencia clara acerca de lo que les está pasando y son llevados a la consulta por los mismos familiares ante la sospecha de que algo está fallando”, explica Pagano. En los casos en que el diagnóstico se confirma, y a medida que la enfermedad avanza, estos fenómenos aumentan y pueden conducir al aislamiento del paciente de su vida social.

Prevención y tratamientos

Si bien existen indicios acerca de su origen, aún no se conoce con exactitud cuál es la causa íntima del Alzheimer. Por eso, Pagano señala que en la actualidad “no existe un tratamiento definitivo, sino sólo paliativo”. Esto incluye la contención del paciente, su participación en grupos en donde se estimula la memoria y la administración de algunos fármacos que, si bien no logran detener la enfermedad, hacen que el compromiso sea menor y que las etapas del deterioro no sean tan acentuadas.

En este sentido, Pagano destaca la importancia de recurrir a todos los métodos no farmacológicos con los cuáles se puede estimular la cognición —como, por ejemplo, la práctica del ajedrez—, que se aceptan como válidos para intentar paliar la llegada de enfermedades como el Alzheimer. “La idea es que sean practicados por personas sanas para adquirir reservas cognitivas y tratar de evitar que el deterioro sea tan agresivo”, agrega Pagano.

Ajedrez y cerebro

En línea con este pensamiento, en el Club Argentino de Ajedrez, un grupo de profesionales de distintas disciplinas han conformado un grupo de trabajo llamado Jaque al Alzheimer, cuyo objetivo es difundir entre la población los beneficios de la práctica del ajedrez. Una de las actividades que realizan es la organización de las jornadas “Ajedrez y Cerebro”, en las que distintos profesionales exponen sus puntos de vista e investigaciones, además de la realización de talleres de aprendizaje del juego. “Han motivado interés de parte del público. Muchos se asociaron, participan en tertulias y torneos”, señala Pagano.

Sin embargo, el neurólogo argentino es concluyente acerca de las posibilidades concretas de derrotar a la enfermedad y poner en jaque al Alzheimer: “Yo diría que jaque, sí, pero mate, no. La práctica del ajedrez contribuye a estimular la cognición. Jaque, sí, pero mate, no, porque esto significaría una curación y, desgraciadamente, todavía estamos lejos de esa posibilidad”.

Finalmente, Pagano concluye: “Se sabe que, cuando uno ha tenido una vida intelectual e incluso físicamente activa, tiene ventaja para defenderse contra el deterioro fisiológico y la aparición de enfermedades. El mantener un cerebro activo intelectualmente permitiría ‘patear más adelante la pelota’ en relación con el comienzo de los deterioros ostensibles clínicamente. Es ganarle al tiempo. Pero no es una cuestión de que, si los síntomas aparecen y empezamos hoy, está todo solucionado. La idea es mantener esta actitud mental toda la vida, o cuanto antes, mejor. No esperar que la enfermedad se declare”.

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