Al Alzheimer hay que enfrentarlo desde la juventud

Lúcido, activo, intacto y la envidia de muchos jóvenes: así podía calificarse el estado mental de la hermana Mary Úrsula poco antes de morir en 1995, a la edad de 101 años. Un minucioso análisis practicado por especialistas al cerebro de esta religiosa, que pertenecía a una orden de Mankato (Minnessota, Estados Unidos), encontró poco después que pese a tener todas las señales de un Alzheimer avanzado, nunca desarrolló el mal; el caso resultó ser tan extraordinario, que en 1997 fue elegido como tema de portada de la revista ‘Time’.

Paulo Bertolucci, neurólogo brasileño con posdoctorado del Instituto de Neuroquímica de la Universidad de Londres, explica que lo que ocurrió con la hermana, cuyo caso es icónico entre los estudiosos de la enfermedad, es que tenía una intensa actividad intelectual y social desde que era joven, “le encantaba enseñar, armaba rompecabezas, pasaba tardes enteras discutiendo sobre política y economía y seguía una dieta saludable”. Todas estas son cosas, dice, “que parecían secundarias pero en los últimos años se han vuelto fundamentales para ayudar a prevenir el avance de este mal desde la juventud”.

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa e incurable que destruye las células del cerebro. Se estima que hoy afecta a unas 36 millones de personas en el mundo, una cifra que, de acuerdo con la Alzheimer Disease International Organization, puede alcanzar los 66 millones de enfermos para el 2030.

Mauricio Medina, coordinador del Grupo de Demencias de la Asociación Colombiana de Neurología, afirma que esta enfermedad se está convirtiendo en una pandemia; no hay estadísticas precisas en el país, pero se calcula que a partir de lo 65 años la prevalencia puede estar alrededor del 5 por ciento.

No es sólo un asunto de vejez

Aunque no se ha establecido la causa exacta de su aparición, para la ciencia ya es claro que en ella no influye solamente el envejecimiento; también se han relacionado otros factores, como el grado de educación que se tenga. La inactividad intelectual, aseguran los especialistas, representa casi un tercio del riesgo más fuerte de sufrir Alzheimer, aunque en los países desarrollados esta cifra se reduce a casi un 12 por ciento, por el mayor grado de escolarización de sus habitantes.

De acuerdo con Carlos Cano, médico geriatra y director del Instituto de Envejecimiento y Clínica de la Memoria del Hospital San Ignacio de Bogotá, hoy también se cuentan como factores de riesgo el sexo femenino, los traumas severos en la cabeza asociados a pérdida prolongada del conocimiento y la presencia del síndrome de Down en un familiar de primer grado. Y aunque existe una predisposición más alta a desarrollar este mal entre hijos y hermanos de los afectados, no se puede decir con certeza que el Alzheimer sea hereditario.

Cano explica que los trastornos de la memoria constituyen la clave de esta enfermedad, y dice que si bien todos los tipos de memoria pueden verse comprometidos, “son las alteraciones de la llamada memoria episódica (la del dónde y cuándo suceden los hechos diarios) su síntoma más característico”.

En Colombia, el Alzheimer es altamente subdiagnosticado, en gran parte, asegura Medina, “por el mito equivocado de que no hay que ir al médico cuando se empieza a deteriorar la memoria, pues la gente cree que eso es normal dentro del proceso de envejecimiento”.

En cuanto a los tratamientos, hay modificadores de la enfermedad que pueden hacer más lento su desarrollo. Infortunadamente, según Medina, solo entre el 15 y el 20 por ciento de los afectados los reciben en forma oportuna.

“Vale anotar advierte Cano que en el mercado también hay muchos productos que dicen ser milagrosos y que favorecen la ‘irrigación cerebral’, pero que no han demostrado ser efectivos y en cambio sí tienen marcados efectos secundarios”.

Ponga a trabajar el cerebro

Existen dos tipos de Alzheimer: el genético que suele desarrollarse tempranamente y no sobrepasa el 5 por ciento del total de los casos y el esporádico o de aparición tardía que se presenta después de los 65 años y en el que no hay antecedentes familiares. En ambos casos resulta imposible prevenir su aparición y ninguna medicación garantiza que no se desarrolle.

Sin embargo, la ciencia ha ido demostrando que existen conductas que, sumadas, sí pueden ayudar a que la persona tenga más herramientas para defenderse del Alzheimer cuando aparezca y retardan la degeneración progresiva del sistema nervioso. Estos son algunos:

Sea activo mentalmente: Entre más estimule su cerebro y más aprenda cosas, será menos posible que lo sorprenda el Alzheimer. No se trata de leer tratados de física cuántica, sino de preocuparse por aprender nuevas cosas constantemente. Pintar, bailar, tocar un instrumento, practicar un deporte diferente o aprender un nuevo idioma ayudan bastante. También es importante resolver crucigramas, participar en juegos de cartas y estrategia, practicar el ajedrez y armar rompecabezas.

No se aísle: Tener amigos, interactuar con la gente y pertenecer a redes sociales ayuda bastante. Estudios han comprobado que hay personalidades más propensas a sufrir el mal, y son precisamente aquellas típicamente solitarias.

Controle el estrés: Un reciente estudio del Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra (España) encontró que el estrés crónico suave, inherente a las personas desde el comienzo de su vida laboral, es un factor de riesgo para el posterior desarrollo de la enfermedad. Los resultados del trabajo, publicado en el Journal of Alzheimer’s Disease, recuerdan que varios estudios previos avalan que el estrés produce deterioro cognitivo.

Prevenga la diabetes y no fume: Son los factores de riesgo que menos pesan, pero está comprobado que también tienen una relación con el desarrollo de la enfermedad y la manera en que evoluciona.

Dieta sana y buena salud cardiovascular: El Alzheimer tiende a causar menos estragos en personas que tienen una buena salud cardiovascular, lo cual sólo se logra practicando ejercicio desde la juventud (como mínimo, 40 minutos de ejercicio en condiciones aeróbicas, cuatro veces a la semana), siguiendo una dieta equilibrada (sin abusar de las harinas y las grasas y rica en verduras y frutas) y controlando la tensión arterial.

El papel del arte

Rodrigo Pardo, especialista en neurología y epidemiología y coordinador del grupo de trabajo interdisciplinario en Demencia de la Universidad Nacional de Colombia, llama la atención sobre cómo la estimulación multisensorial, las terapias con música o con animales y la inserción en redes sociales de apoyo son herramientas fundamentales para hacer más llevadera la enfermedad.

“La gente solo suele fijarse en que los pacientes con Alzheimer pierden la memoria, pero no se da cuenta que también pierde el placer por las cosas, que deja de disfrutarlo todo explica. Estas terapias los ayudan a recuperar la capacidad de sentir placer y los hacen sentirse mejor”.

Cuidados con estos signos de alerta

La Asociación Americana de Alzheimer tiene una guía con 10 señales antes las cuales debemos estar muy alertas, pues pueden ser signos tempranos de la enfermedad. Si presenta cualquier de ellos, acuda al especialista.

1. Problemas de memoria que dificultan la vida cotidiana, como olvidar fechas y lugares importantes e información recién aprendida.
2. Dificultad para resolver problemas: se pierde la habilidad, por ejemplo, para llevar las cuentas del hogar.
3. Desorientación en tiempo y lugar: la persona no recuerda donde está ni cómo llegó allí. En aquellos con demencia, el estado avanzado del mal, la desorientación es tan significativa que la persona puede incluso perderse en su propia casa.
4. Problemas para hacer las tareas diarias, en el trabajo o en la casa. En esto casos, llegar a un lugar conocido resulta cada vez más complicado, entre otras cosas.
5. Dificultades de comprensión: el paciente no entiende fácilmente un texto que se lee.
6. Problemas con el lenguaje: se olvidan los nombres de los elementos de uso común cada vez con mayor frecuencia.
7. Extraviar las cosas: el paciente no recuerda donde dejó el control de la TV, por ejemplo, y éste aparece después dentro de la nevera.
8. Disminución en el buen juicio: si la persona empieza a comprar cosas innecesarias o se deja engañar fácilmente por gente inescrupulosa.
9. Pérdida de iniciativa en el trabajo o en actividades sociales: alguien con Alzheimer puede llegar a ser muy pasivo y requerir de ayuda para realizar sus actividades normales.
10. Cambio frecuentes de humor: los pacientes empiezan a sufrir de depresión, angustia o ansiedad sin una causa aparente. También se aíslan y de repente se tornan irritables.

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