Alzheimer y depresión se tratan demasiado tarde

Vida | 17/03/2012

El solapamiento de síntomas de una demencia y de una depresión en personas mayores de 65 años induce a menudo a una confusión de efectos perversos: dejan de tratarse la depresión o los primeros síntomas del alzheimer, lo que empeora la funcionalidad del paciente y su calidad de vida. “Se puede hacer mucho más”, concluye el doctor Manel Sánchez, coordinador de la unidad de Psicogeriatría del hospital Sagrat Cor de Martorell.

En las jornadas sobre geriatría y asistencia primaria que acaba de organizar la entidad Germanes Hospitalàries, que agrupa a la mayoría de los centros de salud mental, se ha reclamado a la asistencia primaria una mayor sensibilización ante esta atención insuficiente. “El 15% de las personas mayores que sufren un episodio depresivo manifiesta síntomas que parecen una demencia depresiva, lo que provoca que se caiga en el error de diagnosticarlo como alzheimer, cuando solo con la administración de fármacos antidepresivos se eliminarían los síntomas”, explica el doctor Manel Sánchez.

Y al revés: una persona mayor que por primera vez tiene un estado de ánimo deprimido, que pierde interés por su entorno, parece tener una depresión, pero también puede estar dando pistas del inicio de un alzheimer u otra demencia. No identificar cada uno de los problemas “perjudica a los dos procesos. El retraso empeorará la situación siempre”, advierte el psiquiatra.

El alzheimer no tiene hoy un tratamiento curativo, “pero administrado al principio reduce el impacto de la demencia, permite al paciente mantener su funcionalidad más tiempo y contener los problemas de conducta”.

La confusión entre ambas enfermedades es muy frecuente en la asistencia primaria, que es el principal nivel asistencial para las personas con alguno o ambos problemas. “Es un diagnóstico complejo”, reconoce el psiquiatra, “que requiere utilizar más medios de los que ahora se suelen emplear, de pruebas de neuroimagen y analíticas a test neuropsicológicos y también apoyo de unidades especializadas”.

Pero también se denuncia cierto nihilismo tanto entre los profesionales como entre el entorno de los afectados que lleva a considerar que esto que le pasa ya es natural, que va con la edad, que hay poco tratamiento, que quizá no hay que ahondar. “Aunque se trate de enfermedades irreversibles, hay mucho que hacer y no hay que dar por quemadas las etapas, sino conocer mejor los recursos”, anima Sánchez. La atención, hoy por hoy, llega tarde. “Y tenemos que saber que esos síntomas no son normales, aunque sean muy frecuentes”.

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