Analizan relación entre contaminación y Alzheimer

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David Danelski/The Press Enterprise
El Universal

Lunes 24 de marzo de 2008

Roedores sometidos al contaminado aire del sur de California desarrollaron cambios en sus cerebros similares a los encontrados en gente con Alzheimer y Parkinson, aseguró un científico.

Se necesitarán más investigaciones para determinar si las finas partículas de la contaminación del aire pueden provocar los padecimientos, dijo el toxicólogo Michael Kleinman de la Universidad de California, Irvine.

El estudio de Kleinman con ratones fue el seguimiento de una investigación que encontró que los ratones expuestos al mismo tipo de contaminación eran más propensos a padecimientos cardiacos.

“Realmente no esperábamos encontrar efectos importantes dentro del cerebro”, señaló Kleinman. Su trabajo también confirmó los descubrimientos anteriores.

En una investigación llevada a cabo cerca de Riverside, los ratones que respiraron aire contaminado desarrollaron obstrucciones en las arterias y su función cardiaca se redujo más rápidamente que la de ratones que respiraron aire purificado.

Además de la investigación en Riverside, Kleinman tomó 16 ratones y los expuso a aire concentrado en el centro de Los Ángeles. Otros 16 ratones respiraron aire purificado.

Los ratones expuestos a la contaminación presentaron inflamación cerebral, indicio de que las neuronas estaban dañadas, dijo Kleinman.

Tal inflamación está asociada con los males de Alzheimer y de Parkinson pero no es necesariamente un precursor de dichos padecimientos, agregó.

En 2002, una investigación realizada por científicos de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill encontró que los perros que crecen en la altamente contaminada ciudad de México presentaban daño neurológico y lesiones cerebrales.

Desde hace bastante tiempo los científicos han sospechado que el hollín generado por el diesel y otras formas de contaminación por partículas finas pueden terminar en el cerebro.

Las partículas son tan diminutas que son capaces de entrar en el torrente sanguíneo a través de los pulmones y posteriormente atravesar las paredes de los vasos sanguíneos que cruzan por el tejido cerebral.

Otra ruta podría ser el nervio olfativo en la nariz, que está conectado al cerebro, de acuerdo con el artículo de investigación de Kleinman. El trabajo de Kleinman en Riverside se centró en la conexión de las partículas finas con padecimientos cardiacos.

Los ratones respiraron aire en el que la contaminación estaba igual de concentrada que durante un mal día de verano en el sur de California.

Este grupo presentó una rápida acumulación de placa en sus arterias, que restringía el flujo sanguíneo hacia el corazón. En la gente, tales bloqueos pueden resultar en ataques cardíacos.

Esos ratones también mostraron una baja presión sanguínea y latidos cardiacos más lentos, una combinación muy poco sana que reduce la capacidad del corazón para bombear la sangre, aclaró Kleinman.

El descubrimiento reforzó un estudio realizado por la Universidad de Nueva York en 2006 en el que se vinculó a la contaminación por partículas finas con padecimientos cardiacos graves en ratones que también eran sometidos a dietas altas en grasas.

“Esos resultados indicaron que el estándar actual de materia particulada en el ambiente quizá no protege adecuadamente la salud pública”, aseguró Lung-Chi Chen, autor del estudio de la NYU (Traducción: Mariana Toledo).

cgb/fllq

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