Demencia, un término a olvidar del léxico médico

Términos como loco, idiota, lunático o mongolico, ya no se utilizan en psiquiatría. Esta disciplina ha sido desembarazándose de las palabras política y médicamente incorrectas utilizando vocablos específicos para designar los distintos trastornos mentales sin mancillar ni degradar a sus afectados. Así, actualmente nadie osaría utilizar la expresión mongolismo para referirse al síndrome de Down. Pero el término demencia sigue empleándose con profusión en muchas consultas para referirse a un amplio grupo de síntomas comunes a varios trastornos neurológicos.
Y, desgraciadamente, para el ciudadano de a pie este diagnóstico puede tener un potencial destructivo.
Esto es lo que opinan los autores de un peculiar artículo, publicado esta semana en Archives of Neurology, en el que el cuidador de una paciente afectada y un neurólogo repasan el impacto social y personal de lo que consideran «uno de los peores epítetos»: que a uno le tilden de demente.
«El uso vulgar de este término […] puede fácilmente robar a los pacientes su humanidad a los ojos de otros y de los suyos mismos.
Puede estigmatizar y aislar, hacer a los demás reacios, si no abiertamente temerosos, a tener trato con esas personas. […] Es una palabra sin esperanza y ésta es una herramienta crucial cuando hay que enfrentarse con una enfermedad devastadora », justifican.
SUSTITUTOS
Tal es el efecto nocivo que atribuyen al vocablo que proponen abiertamente erradicarlo del léxico diagnóstico, al igual que ha ocurrido con la palabra loco para referirse a los trastornos psiquiátricos o el término mongolico, cuya desaparición fue fruto de la intensa labor educativa y de lobby de varios grupos de apoyo. «Es hora de demostrar la misma sensibilidad hacia las alteraciones cognitivas y de memoria», defienden.
Así, invitan a reemplazarlo por enfermedad. Por ejemplo, la demencia
fronto temporal pasaría a ser enfermedad fronto temporal y la demencia con cuerpos de Lewy, enfermedad con cuerpos de Lewy.
No son los únicos que apoyan esta tesis. José Manuel Martínez- Lage, profesor honorario de Neurología de la Universidad de Navarra, coincide en que «el término demencia debería ser sustituido por uno menos marginante». Él ha propuesto, aunque reconoce que «sin éxito», hablar de «dismencia».
En Japón, país donde la corrección léxica es una exigencia, ya se ha cambiado oficialmente la palabra chichou (demencia), considerada peyorativa, por ninchishou, que significa déficit de funciones cognitivas.
Hay quien va más lejos.El neurólogo estadounidense Peter Whitehouse postula desterrar la etiqueta de enfermedad de Alzheimer y sustituirla por envejecimiento cerebral patológico.
José Luis Molinuevo, coordinador de la Unidad de Alzheimer del Hospital Clínic de Barcelona, opina que las palabras tienen el significado que uno les quiere atribuir:
«Si hay una explicación certera de lo que es la demencia se van muchos
de los prejuicios». Cree que a la gente «le paraliza más el térmimo Alzheimer que demencia».
La cuestión de la corrección lingüística cobra cada vez más importancia
en el ámbito de la salud.
La Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer
y otras Demencias (Ceafa) trabaja desde hace meses en este punto. Como explica su director ejecutivo, Jesús Rodrigo,«hemos eliminado conceptos peyorativos en nuestras comunicaciones. Ya no hablamos de enfermo de Alzheimer, sino de persona que sufre la enfermedad. Hay que dignificar al afectado y a su familia». Rodrigo no es partidario de ser quisquilloso » con el lenguaje, pero sí correcto.
«No me parece mal que se suprima el término demencia», dice. ¿Tendrán que cambiar el nombre de la Confederación? «De hecho, ya lo estamos debatiendo para eliminar la palabra enfermo». Tal vez borren las demencias.

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