«El Alzheimer suele poner a prueba a las familias» MYRIAM BARANDIARAN, NEUROPSICÓLOGA DEL HOSPITAL DONOSTIA

Myriam Barandiaran trabaja en el Hospital Donostia. /AYGÜES
El diagnóstico de un caso de demencia suele caer «como un bombazo». Generalmente, las familias se ven desbordadas y en las consultas no hay tiempo suficiente para resolver todas sus inquietudes. Unos talleres de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Gipuzkoa permiten recibir la información necesaria. Este mes las neuropsicólogas Myriam Barandiaran y Ainara Estanga explicarán el manejo de los trastornos de conducta. – Una de sus funciones es detectar precozmente si hay un deterioro cognitivo. ¿Los pacientes llegan tarde a consulta? – La familia muchas veces minimiza los síntomas. Cuando ésto pasa en una persona joven la gente viene rápidamente a consulta, porque las alarmas saltan enseguida. Pero si ocurre en una persona de 70 ó 75 años los síntomas se achacan a la edad y, por lo general, vienen cuando el deterioro es evidente. No en todos los casos, pero cuando la gente mayor llega tarde suele ser porque hay una creencia que asocia el envejecimiento con afecciones al proceso cognitivo; sin embargo, éste no tiene por qué ser sinónimo de que se te vayan olvidando las cosas. – Los olvidos son el síntoma más conocido del Alzheimer. – La alteración de la memoria es el principal síntoma de la enfermedad del Alzheimer, pero ésta no es la única demencia que existe. También está la demencia frontotemporal, en la cual hay un trastorno de conducta inicial o de lenguaje inicial, la demencia por cuerpos de Lewy, la demencia vascular… – ¿Cuándo deben los familiares acudir al especialista? – Cuando sospechan que algo no va bien. Hay personas a las que se les olvidan las cosas, tienen fallos de memoria, pero en su actividad laboral, familiar y en el día a día funcionan correctamente. Esto es lo que llamamos un deterioro cognitivo ligero en el cual las personas están bien y siguen funcionando aunque haya un deterioro de la memoria, que hay que controlar para ver si progresa o no. Por otro lado, hay que reparar en los trastornos de conducta: apatía, cuando se deja de planificar y hacer cosas, se descuidan las comidas, se vuelve más suspicaz, delirante, agresivo, la persona cree que le están robando… Entonces también hay que acudir al especialista. – El diagnóstico de un caso de Alzheimer es un mazazo para la familia. – Es como una bomba que cae y desestabiliza al entorno. Hay familias que tienen muy asumido que ésto es así porque llevan tiempo viendo que ese allegado está mal. Muchos lo viven como un duelo anticipado, diciendo cosas como «mi padre ya no es el que era». Hay quien reacciona sobreprotegiendo al afectado, lo cual tampoco es bueno para el enfermo. También hay quien niega la enfermedad, diciendo «esto no puede ser, son cosas de la edad». Otros tienen una visión catastrofista y se ponen en las etapas finales. Desde luego, en todos los casos es un mazazo que desestabiliza y pone a prueba las relaciones familiares, entre hermanos, entre la pareja… Es una prueba difícil. – ¿De qué tratamientos se dispone actualmente? – Hay medicamentos con una eficacia demostrada, que no curan pero ralentizan la progresión del deterioro. Cuanto antes se empiece, mejor. Soy partidaria de añadir a estos fármacos la psicoestimulación cognitiva. Esto no significa que de repente les pongamos a hacer crucigramas, sino de perfilar programas adecuados a cada enfermo basándonos en las capacidades cognitivas preservadas e intentado ralentizar la progresión de las capacidades afectadas. No se trata de ofrecer café con leche para todos, sino de realizar trajes a medida, porque está demostrado que en las personas psicoestimuladas hay una menor progresión del deterioro. No se trata de alargar la vida con la enfermedad, sino de que haya una buena calidad de vida y de que se mantenga en una situación de dependencia leve el mayor tiempo posible. Siendo conscientes de que no es una enfermedad que se cura de momento, aunque hay varias líneas de investigación, podemos lograr que los afectados estén bien con los fármacos, la estimulación, el ejercicio físico, con una red de apoyo social importante… – Antes se ha referido a los crucigramas. ¿Qué tipo de ejercicios de estimulación realizan? – Los sudokus o los crucigramas están muy bien si siempre los has hecho, pero si nunca te han gustado… Se entrenan todas las capacidades cognitivas, no sólo la memoria. También se trabaja el lenguaje, la capacidad de realizar actos motores, la capacidad para reconocer a las personas… Son programas de estimulación global. – ¿Los trastornos de conducta son generalizados? – En las etapas intermedias, hasta el 92% de los enfermos puede sufrir una amplia gama de trastornos. El manejo medioambiental también influye, de ahí la importancia de dar a conocer a la familia qué pautas han de seguir en estos casos, porque pueden maximizar o minimizar lo que ocurre. – ¿Qué aconsejaría a unos familiares que se sienten desbordados? – Lo principal es que el familiar sepa que ese trastorno de conducta no es algo voluntario, que no es algo que hace contra él, sino un síntoma más. Si creo que lo hace contra mí lo rechazo, lo maximizo, pero si asumo que es parte de la enfermedad, le puedo dar la vuelta. Otro consejo es no enfrentarse. Si un enfermo está convencido de que le están robando, hay que intentar desviar la atención. Además, hay que tener en cuenta que se les olvidan las cosas, por lo que hay que ir sorteando esos trastornos antes que enfrentarse

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