EL PARKINSON Y EL ALZHEIMER SON ENFERMEDADES QUE SE CONOCEN MUCHÍSIMO, PERO NO LO SUFICIENTE PARA IMPEDIRLAS

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CIENCIA Y TECNOLOGÍA DE LA SALUD
24 de Noviembre de 2009

Catedrático de la Hispalense e investigador del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS), Alberto Machado de la Quintana lleva años trabajando en distintas líneas de investigación relacionadas con la implicación de la inflamación en la degeneración del sistema nervioso central y con las bases bioquímicas del proceso de envejecimiento. Este año 2009 acaba de terminar su Proyecto de Excelencia titulado Enfermedad de Parkinson: Diagnóstico en estado subclínico.
Reyes Lora

Alberto Machado de la Quintana, Catedrático de Farmacia

Pregunta (P.-) ¿Cuáles son los factores de riesgo de las enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson?

Respuesta (R.) El primer factor de riesgo, tanto para el Parkinson como para el Alzheimer, es la edad. Aproximadamente el 50% de los individuos que tienen más de 85 años tienen Alzheimer. El gran aumento actual de estas enfermedades es debido también a que hemos alargado la esperanza de vida.

  • ¿Se puede diagnosticar precozmente el Parkinson?*

(R).- El gran problema de estas enfermedades es que, cuando se diagnostican, la vuelta atrás es realmente difícil. Por ejemplo, el Parkinson no se diagnostica hasta que los pacientes presentan una serie de síntomas, entre los que se encuentra el más conocido y aparente, los temblores. Estos síntomas aparecen cuando se ha perdido una gran mayoría, del 70 al 80%, de las células dopaminérgicas de unas estructuras determinadas del sistema nervioso central. Para entendernos, la cantidad de neuronas en el sistema nervioso es como el dinero que tiene una persona muy rica; hasta que no pierde el 70 ó el 80 % no lo nota en su vida diaria. Por eso nos parece tan importante el diagnóstico precoz, subclínico, de estas enfermedades. Actualmente, hay algunos métodos que permitirían este diagnóstico para el Parkinson; el mejor, o probablemente el único, es el método avanzado de imágenes mediante tomografía por emisión de positrones (PET) o tomografía computerizada por emisión de fotones individuales (SPECT). Pero estas técnicas no se pueden usar indiscriminadamente sobre la población como método de rastreo de la enfermedad, tanto por el coste de los aparatos como de la técnica en sí misma. En Sevilla, por ejemplo, creo que sólo hay 2 PETs.

  • ¿Por qué no hay tratamientos para este tipo de enfermedades?*

(R.-) A día de hoy, el Parkinson, al igual que el Alzheimer, es una enfermedad que no tiene cura. La imposibilidad de curar esta enfermedad estriba, en primer lugar, en el hecho de que se diagnostica cuando ya se ha producido la mayor parte del daño, con la pérdida del 70 al 80% de las neuronas dopaminérgicas. La reposición de estas neuronas, que es lo que se quiere hacer con los trasplantes, no está produciendo los resultados buscados por la enorme dificultad que conlleva, ya que no sólo es necesario que las neuronas transplantadas sobrevivan, sino que tienen que hacer nuevas conexiones, lo que es muy difícil. En segundo lugar, a pesar de que se conocen bastante bien los mecanismos necesarios para prolongar la supervivencia de las neuronas (factores de crecimiento, etc.), no se sabe todavía como llevarlos hasta el sitio adecuado, ya que no atraviesan la barrera hematoencefálica, que aísla el sistema nervioso central del resto del organismo. De todas maneras, lo que conseguirían estos factores en las condiciones actuales, y ya sería mucho, es hacer más lenta la progresión de la enfermedad.

  • ¿Qué grado de desconocimiento se tiene de estas enfermedades neurodegenerativas?*

(R.-) El desconocimiento es relativo. Tanto el Parkinson como el Alzheimer son enfermedades que se conocen muchísimo, pero no lo suficiente como para impedirlas. Una parte poco importante, menos del 10 % del total, es de origen genético y se conocen los genes y las mutaciones que llevan a producir la enfermedad. En el otro 90% hablamos de enfermedad idiopática, porque su causa no se conoce bien, aunque el desarrollo molecular y fisiológico es muy parecido al que se observa en la enfermedad genética. Se conocen todas las moléculas que participan en las enfermedades de Parkinson y Alzheimer, lo que hacen y cómo actúan, pero no se puede prevenir la enfermedad. El gran problema está en la farmacología; hay veces que no se conoce el origen de un dolor de cabeza, pero te tomas una aspirina y se resuelve. La solución de estas enfermedades es difícil, desde mi punto de vista, porque están ligadas al proceso de envejecimiento, que es un proceso que yo creo que no tiene solución. Actualmente, el aumento de la expectativa de vida se ha producido sin actuar sobre el proceso del envejecimiento; lo que se ha hecho es mejorar la calidad de vida, mejorar la atención médica, disminuir de forma muy significativa la mortalidad infantil y la mortalidad de la mujer por problemas en el embarazo y el parto, etc. Esto ha hecho que más gente sea capaz de llegar a edades avanzadas y entonces han empezado a aparecer todos aquellos procesos fisio-patológicos que acompañan al envejecimiento.

  • ¿En qué ha consistido su proyecto acerca de la enfermedad de Parkinson?*

(R.-) Hemos desarrollado dos tipos de modelos animales (usando ratas) de la enfermedad de Parkinson, uno mediante la axotomía del haz prosencefálico medial y otro mediante la inducción de una respuesta inflamatoria promovida por la inyección en la sustancia negra del lipopolisácarido de la pared bacteriana. Estos dos modelos permiten hacer un Parkinson bilateral, o sea, que se encuentran afectados los dos hemisferios cerebrales, o por el contrario lo que se llama un hemiparkinsonismo, en el que se afecta un solo hemisferio. El primer modelo produce una pérdida bastante rápida del sistema dopaminérgico, mientras que en el segundo la degeneración es mucho más lenta. Combinando ambos procesos teníamos muestras de cuatro tipos de animales, con daño uni o bilateral debido a inflamación o axotomía. Además, de cada modelo teníamos muestras obtenidas a distintos tiempos del proceso. Después, estudiamos la variación de la concentración de todas las proteínas del líquido cefalorraquídeo en las distintas ratas en relación a los modelos y al tiempo.

  • ¿Qué resultados han obtenido?*

(R.-) Queríamos saber si había una correlación entre la variación de la concentración de proteínas y la pérdida del sistema neuronal dopaminérgico. Comprobamos que aumentaba la concentración de proteínas implicadas en procesos inflamatorios. La inflamación es una característica tanto del Parkinson como del Alzheimer, por lo que obviamente no es una respuesta especifica del sistema dopaminérgico y por tanto no se puede utilizar como método de diagnóstico de la enfermedad de Parkinson. Probablemente, como ocurre siempre, las técnicas ofrecen inicialmente unas expectativas que raramente se cumplen.

  • ¿Qué es lo más significativo que han encontrado?*

(R.-) Lo más significativo que hemos encontrado es que la mayoría de esas proteínas que se modifican en el líquido cefalorraquídeo se pueden detectar de manera proporcional en la sangre; eso facilita su análisis. Es más fácil y asequible medir la concentración de proteínas en sangre de un individuo que analizar su líquido cefalorraquídeo. Pero claro, tengo que recalcar que son proteínas que se encuentran en una concentración importante.

(P.-) Desde su punto de vista, ¿por qué cree que hay que invertir en la investigación de estas enfermedades?

(R.-) En primer lugar, la inversión en investigación nunca es dinero perdido, siempre que se haga en equipos de investigación con garantías. Esta garantía es fácil de detectar. Segundo, la investigación en sanidad con el fin de mejorar la calidad de vida debe ser siempre bienvenida. Por último, también existe un componerte económico importante. El número de personas con Parkinson y Alzheimer no va a disminuir, sino que por el contrario se espera que vaya en aumento, por lo que el cuidado de estos enfermos va a suponer una inversión económica cada vez mayor. Estos pacientes son enfermos crónicos, con una duración media que puede ser superior a 10 años. Además, existe el problema de sus cuidadores que, generalmente, son la propia familia, a los que les supone un problema tanto económico como psicológico. Por todo ello, creo que la investigación es no sólo necesaria, sino imprescindible. No hay que olvidar el propio sufrimiento de los enfermos, que en los primeros estadios de la enfermedad son absolutamente conscientes del problema y obviamente solicitan ayuda.

Más información:

Alberto Machado de la Quintana

Tel.: 954 55 67 52

Email: machado@us.es

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