El ritmo repetitivo del “Bolero” de Ravel se debió a la enfermedad

SIN PIEDAD

Ana Romaz / 11 mayo 2012

Cada día es mas “vox populi” que el Alzheimer aumenta de forma acelerada, que el número de personas afectadas por esta enfermedad crece de manera exponencial. Pero el problema cobra una dimensión diferente, se hace más notorio, cada vez que salta a las páginas de la prensa la incorporación de un famoso a la larga lista de celebridades que han acabado sus días entre las garras de la E.A.

Desde auténticos mitos de la escena como Rita Hayworth o Charlton Heston, pasando por políticos como Margaret Thatcher, Ronald Reagan o Harold Wilson; no hay una esfera de la actividad humana en la que el Alzheimer no se haya cobrado sus victimas. En nuestro país hay un triste balance de personalidades de la Política: Jordi Solé Turá (uno de los “padres” de nuestra actual Constitución), Adolfo Suarez (primer Presidente de Gobierno en democracia) o Pasqual Maragall (que fuera muchos años alcalde de Barcelona y político señero de la Generalitat).

Pero el recuento de victimas de la E.A. también recoge a importantes escritores: Carmen Conde o Carmen Laforet; a deportistas de élite: Ladislao Kubala, Ferenc Puskas o Sugar Ray Robinson; a pintores y escultores: Willem de Koonig, Norman Rockwell o Eduardo Chillida; incluso la famosa obra Bolero del compositor Maurice Ravel se cree que debe su particular ritmo repetitivo a la enfermedad que ya afectaba al autor… no hay ninguna ámbito donde no se haya el Alzheimer no haya hecho estragos. La última incorporación a este triste registro es la de la actriz Carmen Sevilla.

Hay dos figuras, que por lo peculiar de sus historias, destacan contra el telón de fondo de este post: la escritora y filósofa Iris Murdoch y Diana Friel McGowin. La señora McGowin fue la autora del best seller internacional Vivir en el laberinto, traducido a 11 idiomas. Es la primera narración que se ha publicado, desde el punto de vista del paciente. Escribió este libro, en 1993, como un diario de su proceso personal, a partir de ser diagnosticada de Alzheimer en el año 1992. Y fue también la fundadora del primer grupo de ayuda al paciente, para afectados por demencia temprana.

McGowin dio siempre un mensaje positivo a sus lectores, una de sus frases favoritas era “¡Puedo tener este diagnóstico…pero él no me tiene a mí!”. Resulta una lectura inspiradora en la podremos encontrar textos como el que sigue: “La vida no necesita ser confinada en la oscuridad; hay una vida después del diagnóstico: No puede ser una vida como la que teníamos, pero tiene sus placeres y lados positivos”.

Y por lo que respecta a Iris Murdoch, que fue cuidada hasta sus últimos días por su esposo, el mejor resumen de lo que supuso aquel viaje juntos a través del túnel del Alzheimer lo constituyen las palabras que él pronunció tras su fallecimiento: “No navega hacia la oscuridad: el viaje ha terminado y con la oscura escolta del Alzheimer parece haber llegado a algún sitio…yo también”.

Quiero recordar aquí las palabras que Iris Murdoch dejó escritas: “Si tuviera que irme no me olvidéis; por favor decid que me recordaréis. Los sueños que compartimos vivirán para siempre sólo si en vuestra memoria cada momento cae una estrella del firmamento y deja el cielo de un azul más intenso. Así, si partimos, no me olvidéis y nunca olvidéis mi amor por vosotros”.

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