En 4 o 5 años podría haber una vacuna que ralentizara de forma notable la progresión del alzheimer

Salud | 18/11/2011

El doctor Luís Fernando Agüera, psicogeriatra del Hospital 12 de Octubre de Madrid e investigador del alzheimer Luís Fernando Agüera

La medicina, aunque algunas veces no seamos conscientes, avanza a pasos agigantados. Tanto es así que en 4 o 5 años podríamos contar ya con una vacuna, o procedimiento, capaz de ralentizar de manera notable una enfermedad tan grave como el alzheimer, bautizada por muchos como la enfermedad del siglo XXI.

Así lo apuntó el pasado martes el doctor Luís Fernando Agüera, psicogeriatra del Hospital 12 de Octubre de Madrid e investigador del alzheimer, en un encuentro informativo sobre medicina personalizada, una corriente que ha revolucionado en los últimos años los tratamientos para ésta y otras enfermedades como el cáncer.

El alzheimer tiene su origen en la existencia de unas proteínas que producen una toxicidad en el cerebro. Éstas provocan que las neuronas vayan muriendo poco a poco. Lo que pretenden los investigadores es poder llegar a eliminar dichas proteínas del cerebro de una persona afectada. “La base de algunos tratamientos en los que hoy en día se trabaja van dirigidos al aprovechamiento del sistema inmunitario del organismo para que limpie esas proteínas tóxicas. Vendría a ser lo mismo que cuando se hace una vacuna para el virus de la gripe. Lo que hace ésta es provocar que el sistema inmunitario del paciente reaccione para limpiar de virus el organismo”, explica el doctor Agüera a LaVanguardia.com.

“Ahora hay muchas investigaciones en curso. Raro sería que en cuatro o cinco años no encontráramos algún medicamento que tuviese una eficacia aceptable. Dentro de esos años podría haber una vacuna, o procedimiento, que ralentizara de forma notable la progresión del alzheimer”, añade el doctor.

Sin ánimo de echarle agua al vino, y es que el doctor confía en poder contar con una vacuna hacia el 2016, Agüera no pierde de vista los antecedentes. “Ha habido mala suerte. En los últimos tres o cuatros años, absolutamente todo lo que ha ido teniendo posibilidad de ser un tratamiento aplicable de forma generalizada ha fracasado. Ha habido varios intentos de medicaciones elaboradas con la finalidad de evitar que estas proteínas se formen, pero ninguno ha podido llegar a ser aplicado en los pacientes de forma extensa, bien porque no eran suficientemente eficaces o porque no se toleraban bien”, lamenta Agüera.

“Lo mismo pasó con la primera vacuna, hará unos diez años. Era muy eficaz limpiando estas proteínas del cerebro, pero en algunos pacientes fue muy tóxica y por ello no se pudo hacer de una manera generalizada. Las nuevas generaciones de vacunas, que están todavía en experimentación, parece que sí serán eficaces ya que no tienen esa toxicidad”, esgrime el doctor.

La investigación centra toda su atención ahora mismo en intentar elaborar un medicamento de cara a poder aplicarlo a aquellos enfermos en un estadio de la enfermedad leve. “Cuanto más precozmente se aplique, más eficaz será. Sin embargo, es esperable que se puedan beneficiar los pacientes en estadios moderados o incluso avanzados. En una enfermedad que es inevitablemente progresiva, detener la progresión ya es un gran avance. Que el paciente en cuestión esté igual el año que viene, y el siguiente, y el siguiente, ya sería un gran avance”, recuerda el Agüera.

El diagnóstico precoz, importantísimo

La investigación va dirigida a desarrollar marcadores que puedan señalar muy pronto quién está padeciendo la enfermedad, sobre todo teniendo en cuenta que “los cambios que experimenta el cerebro de una persona que hoy empieza a tener síntomas de alzheimer empezaron hace 20 años”. También se intentan desarrollar terapias para esta fase tan precoz del trastorno.

“El problema es que el 50% de los afectados se diagnostican no en la fase leve, sino en la fase moderada. El diagnóstico del alzheimer en este momento se hace muy tarde”, asevera el doctor.

Es en este contexto que el trabajo del médico de cabecera adquiere una dimensión trascendental. “Hay una fase fundamental que se llama deterioro cognitivo leve. Son personas que tienen problemas de memoria más importantes de lo que les correspondería por edad, pero su funcionamiento es normal y siguen teniendo una buena adaptación. Ese es el momento en el que el médico de cabecera tiene que dar la señal de alarma y hacerle, al paciente en cuestión, algunos test de memoria y algunas pruebas. Ahí sí que será posible hacer un diagnóstico bastante temprano y adoptar las medidas necesarias”, sentencia Agüera.

Pulse Aqui a la Fuente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *