Idiomas contra el Alzheimer

José Antonio LÓPEZ GUERRERO | Publicado el 13/01/2012

Las enfermedades neurodegenerativas se están convirtiendo en una prioridad científica debido al incremento de este tipo de patologías. Algunas de ellas, como el Alzheimer, están siendo estudiadas desde un punto de vista molecular. José Antonio López Guerrero, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM), analiza las publicaciones más significativas.

A pesar de los inmensos y continuos avances en neurología, los misterios del universo cerebral constituido por miles de millones de neuronas y sus billones de interconexiones continúan sin resolverse. Nuevos estudios pretenden profundizar en los aspectos moleculares, celulares y, ya puestos, sociales y hasta culturales de nuestro entramado neuronal y sus posibles disfunciones.

Existen importantes evidencias epidemiológicas que sugieren que las personas adultas que mantienen un estilo de vida activo tanto social y físico como mental parecen estar protegidas en cierta medida contra la generación de algunos tipos de demencia. Los factores que actúan como protectores constituirían una reserva cognitiva que compensaría los estragos causados por la acumulación de péptidos moléculas claves en daños cerebrales como el amiloide, entre otras posibles neuropatologías.

NTOMAS DE DAÑO CEREBRAL

Investigadores del Hospital canadiense San Michael han observado que las personas que hablan dos o más idiomas necesitan el doble de daño cerebral para mostrar síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Estamos ante la primera evidencia física de que el bilingüismo retrasa el comienzo de dicha enfermedad.

Según los investigadores, se dispone, por fin, de evidencias neuroanatómicas mediante estudios con escáner de que la medicina no parece poder, hoy por hoy, retrasar el desarrollo de esta enfermedad neurodegenerativa tanto como lo hace el conocimiento de una o varias lenguas correctamente. Los hallazgos fueron publicados en la revista Cortex. La actividad cerebral que se mantiene al practicar varios idiomas justificaría la recomendación médica para que los ancianos rellenen crucigramas, puzles o sudokus.

Las conexiones nerviosas cerebrales necesarias para permitir pasar de un idioma a otro permiten compensar las pérdidas que el Alzheimer conlleva. El hecho de que este estudio se haya llevado a cabo en Canadá, país con un alto grado de bilingüismo, no parece fortuito. De hecho, el estudio se llevó a cabo en Toronto, con un alto número de voluntarios participantes en el experimento con francés, inglés o incluso chino como segunda lengua. Aunque éste es el primer trabajo que aporta pruebas físicas, estudios previos ya apuntaban a que el bilingüismo retrasaba los síntomas de la enfermedad.

Según se señala en el trabajo publicado en la revista Neurology, llevado a cabo en el Instituto Baycrest, también de Toronto, ya existían evidencias previas de que el bilingüismo prolongado y activo cuando se utilizan varios idiomas de forma asidua durante largos periodos de tiempo podría suponer una de las reservas cognitivas protectoras mencionadas.

Los ensayos se llevaron a cabo a través de los datos recopilados de 211 pacientes diagnosticados con la enfermedad. Se estudiaron las fichas con la edad de los pacientes a la que comenzó a manifestarse la enfermedad y con informaciones relevantes como el historial ocupacional así como el nivel educativo, lingüístico e idiomático. Se clasificaron a 102 de los pacientes como bilingües, y a 109 como monolingües.

Sorprendentemente, se observó que aquellas personas con dominio de varios idiomas eran diagnosticados de Alzheimer hasta 4,3 años más tarde, empezando a experimentar síntomas evidentes una media de 5,1 años más allá de lo constatado para los pacientes monolingües. No se observaron cambios significativos en el resto de los factores sociales, laborales o educacionales. Tampoco se produjeron diferencias por cuestión de sexo. Por todo ello, los científicos canadienses concluyeron que el bilingüismo confiere una protección efectiva contra el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

CEREBROS PREMATUROS

Sin abandonar el ámbito neuronal, nuevas investigaciones sugieren que la tasa de crecimiento de la corteza cerebral en niños nacidos prematuramente puede predecir su futura habilidad para hablar o prestar atención durante la infancia. Según un artículo en Neurology, investigadores del Imperial College de Londres han demostrado que cuanto más y antes crezca la corteza cerebral en bebés nacidos pretérmino (antes de tiempo) más complejas serán las tareas capaces de llevar a cabo a partir de los seis años.

Al parecer, el periodo previo a un nacimiento “cuando toca” es crítico para el desarrollo del cerebro. Los problemas en ese momento tendrían graves consecuencias. El estudio se llevó a cabo observando la tasa de crecimiento de 82 bebés, mediante escáner cerebral, que nacieron antes de las 30 semanas de gestación.

Cuanto más rápido se producía el desarrollo de la corteza cerebral, mayor era el test de inteligencia realizado a los chicos. Desarrollos motores, sin embargo, no correlacionaron con dicha tasa de crecimiento cerebral. Por ello, los autores sugieren que la investigación debería centrarse en el crecimiento de regiones específicas del cerebro, como la corteza, para tratar de entender o diagnosticar problemas potenciales en bebés y fetos.

Todavía estamos lejos de conocer e interpretar el significado y la regulación de los cerca de 25.000 genes de nuestro ADN. No obstante, cada vez son más los estudios que profundizan en la expresión génica y en aquellas otras secuencias cromosómicas que, aunque no se expresen ni codifiquen proteína alguna, pueden jugar un papel fundamental en su síntesis.

RETROTRANSPOSONES Y NEUROPATÍAS

Nuevos estudios apuntan a estas secuencias no codificantes como puntos calientes asociados a diversos problemas neurológicos. Con el nombre genérico de retrotransposones se define a una serie de elementos genéticos móviles que pueden copiarse en la línea germinal de muchos organismos para perpetuarse generación tras generación. Ya se conocían los transposones, fragmentos “saltarines” de ADN, pero el nombre de ‘retrotransposón’ hace referencia al hecho extraño e inédito, en células, de la conversión de ARN a ADN lo normal es justamente lo contrario antes de su integración en el genoma nuclear.

Se estima que al menos el 50% del genoma humano deriva de estos elementos móviles que se agrupan principalmente en tres familias o grupos según su secuencia y la capacidad o no de retrotranscribirse: L1, Alu y SVA. Estas secuencias móviles podrían provocar o estar involucradas en mutaciones y, por ello, en enfermedades.

La retrotransposición puede ser enormemente mutagénica. Se estima que existen más de 400 millones de variantes en la población mundial derivadas de estos elementos móviles y al menos 70 enfermedades hereditarias podrían implicarlos. Un trabajo reciente publicado en Nature, llevado a cabo por un consorcio internacional de investigadores coordinados desde el Instituto Roslin y la Universidad de Edimburgo, utiliza ensayos metodológicos de alto rendimiento para identificar mutaciones masivas de L1, Alu y SVA en el hipocampo y núcleo caudado de varios voluntarios.

El trabajo demuestra que los retrotransposones pueden moverse y dirigirse hacia genes que codifican proteínas específicas y activas en el cerebro, implicándose en procesos neurobiológicos. Conocer, por ello, los genes dañados por estas secuencias móviles podría arrojar luz sobre los procesos moleculares que subyacen tras algo tan sugerente como la consciencia humana o desórdenes en el desarrollo neuronal.

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