La actividad física y mental retrasaría la aparición del Alzheimer, según un estudio

Los expertos afirman que la actividad tanto física como mental en nuestro cerebro puede ayudar a retrasar tanto la aparición como el desarrollo de la enfermedad.

Así, según el responsable del estudio, el Dr. Boaz Barak, se ha encontrado una correlación entre el estilo de vida de los pacientes y la velocidad del avance de la enfermedad; y se ha descubierto que, por regla general, cuanto más estimulante y exigente tanto en el plano físico como en el mental sea la vida de un paciente, menor será la velocidad a la que se desarrolle el Alzheimer.

Con este trabajo se ha tratado de encontrar la explicación biológica a esta regla y el por qué un ambiente estimulante es más propicio para que se frene el avance del Alzheimer.

Para ello, los científicos compararon la cantidad de MicroARN (una molécula que tiene la capacidad de regular la expresión de otros genes y sus funciones) en ambientes estimulantes y en ambientes normales.

Las cadenas de MicroARN que hayan cambiado como resultado del desarrollo de la enfermedad de Alzheimer o como consecuencia de la exposición a ambientes con más estímulos serán por tanto responsables de la regulación de proteínas que afectan a la comunicación entre las células nerviosas y el cerebro.

La exposición a ambientes ricos en estímulos provocó además, una disminución del número de cadenas de MicroARN que a su vez dio lugar a un aumento de proteínas, que, según los expertos, podría conducir a un incremento de células nerviosas en el cerebro.

Por otro lado, este equipo de científicos también descubrió nueva información que podría ser utilizada en un futuro para establecer una prueba de detección precoz del Alzheimer menos costosa que las actuales, ya que podría realizarse tan solo con una muestra de sangre.

Estas cadenas de MicroARN pueden ser fundamentales para comprender a nivel celular las etapas iniciales de la enfermedad y se espera que en los próximos años ente tipo de construcciones celulares y sus cambios puedan detectarse no solo en la sangre, sino también en el cerebro.

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