La mortalidad por Alzheimer es más alta en exjugadores de la NFL

En un estudio sobre más de 3.400 jugadores jubilados de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por su nombre en inglés), los autores hallaron que la mortalidad por Alzheimer o la enfermedad de Lou Gehrig era cuatro veces mayor que en la población general.

El equipo del Instituto Nacional de Seguridad Laboral y Salud (NIOSH, por sus siglas en inglés) ignora los motivos, pero sospecha de las consecuencias de la exposición reiterada a los golpes en la cabeza.

“El estudio no establece una relación causa-efecto”, dijo el autor principal, Everett J. Lehman. “No teníamos los datos de esos traumatismos”, agregó.
La doctora Ann C. McKee, codirectora del Centro para el Estudio de la Encefalopatía Traumática de la Universidad de Boston, había analizado el tejido cerebral sometido a autopsia de atletas, incluidos jugadores de fútbol, para identificar las lesiones características de la encefalopatía traumática crónica (ETC).

Para Mckee, el nuevo estudio amplía esa investigación al descubrir un aumento del riesgo de que a esos deportistas se les diagnostique Alzheimer o esclerosis lateral amiotrófica (ELA). (Por ahora, la ETC sólo se puede detectar con una autopsia de cerebro).

“Es un estudio importante que representa un avance significativo en la asociación entre los resultados clínicos y nuestros datos neuropatológicos”, dijo la investigadora por e-mail.

SUICIDIOS, JUICIOS

Los resultados, publicados en Neurology, aparecen mientras aumenta la preocupación por el riesgo en los exjugadores de fútbol de desarrollar enfermedades cerebrales degenerativas.

En mayo se suicidó el gran Junior Sea, de la NFL, lo que aumentó aún más las sospechas de posibles efectos prolongados de los golpes en la cabeza que reciben los jugadores profesionales.

El suicidio de Seau siguió a otros dos. En el 2011, Dave Duerson, exjugador de Chicago Bears, se suicidó y dejó una carta para que se le realizara un examen cerebral postmortem, que reveló señales de ETC.
Y, este año, el exintegrante de Atlanta Falcons, Ray Easterling, al que se le había diagnosticado demencia, se disparó un arma a los 62 años.

Hay más de 2.000 exjugadores de la NFL que presentaron una demanda conjunta contra la liga, a la que acusan de haber ocultado estos riesgos históricamente.

Y, esta mañana, la NFL anunció una donación de 30 millones de dólares a la Fundación de los Institutos Nacionales de Salud para la investigación de enfermedades como la ETC, los traumatismos cerebrales y el Alzheimer.

LOU GEHRIG y ALZHEIMER

Lehman dijo que el estudio permite “cuantificar” el riesgo que tienen los exjugadores de la NFL de desarrollar una enfermedad cerebral degenerativa.

El equipo reunió información de 3.439 jugadores que habían participado de por lo menos cinco temporadas de la NFL entre 1959 y 1988. Al final del 2007, el 10 por ciento había fallecido, es decir, apenas la mitad esperada en la población general masculina de Estados Unidos.

“De modo que, en general, esta cohorte es muy saludable dijo Lehman. Sólo detectamos un aumento del riesgo en la mortalidad por causas neurodegenerativas.”

Siete jugadores tenían el diagnóstico de Alzheimer escrito en el certificado de defunción; la misma cantidad tenía el diagnóstico de ELA, comúnmente llamada enfermedad de Lou Gehrig.

Lehman aseguró que son cifras pequeñas, pero aclaró que la frecuencia de cada enfermedad fue cuatro veces más alta que la esperada en la población general.

Cada año, la ELA, que es una enfermedad neurológica fatal, se le diagnostica a unos 5.000 estadounidenses cada año. El Alzheimer es la forma más común de demencia y la Asociación de Alzheimer estima que la padecen más de 5 millones de estadounidenses.

Los expertos recomiendan que los atletas que tuvieron un traumatismo de cráneo hagan reposo físico y mental, y que no vuelvan a jugar hasta que todos los síntomas hayan desaparecido y el médico la haya dado el alta.

Esos síntomas incluyen cefaleas, mareos, náuseas, zumbidos en los oídos, fatiga y confusión. Un traumatismo de cráneo no suele dejar a la víctima inconsciente.

Lehman consideró que hay que seguir estudiando los riesgos que pueden tener los exjugadores, estudiantes y atletas. “Pero no creo que sea un motivo de alarma, a partir de estos resultados”, finalizó el autor.

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