Memoria 0

Por: Elizabeth Araujo
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Nancy sonríe cuando la nieta le pregunta cómo se llama. A los 73 años y con una vitalidad que le hacía aparecer en todas partes, esta mujer dejó atrás su apasionada vida de profesora de bachillerato para convertirse en la señora de rostro mustio que se sienta todo el día en el sofá y llena sus horas de olvidos.

En cuestión de un año, todo cambió para ella. No sabe quién es y por eso se ríe al mirar a la nieta de 20 años ­a quien dormía leyéndole cuentos infantiles­ cuando le pregunta “Abuela, ¿cuál es tu nombre?” Aunque no están determinadas sus causas, se sabe que se trata de una enfermedad neurodegenerativa, que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Su principal característica es la progresiva pérdida de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las células nerviosas (neuronas) mueren y diferentes zonas del cerebro se atrofian.

Suele tener una duración media después del diagnóstico de 10 años y es hasta ahora la forma más común de demencia. Para completar es incurable y terminal.

Por lo general, los síntomas iniciales son la inhabilidad de adquirir nuevos recuerdos y sus síntomas llegan a ser confundidos con actitudes relacionadas con la vejez o estrés. A medida que la enfermedad progresa aparecen síntomas como confusión mental, irritabilidad y agresividad, cambios del humor, trastornos del lenguaje, pérdida de memoria de largo plazo y una predisposición a aislarse justo cuando los sentidos del paciente declinan.

MEMORIA EN CERO
Pese a que cuenta con más de 100 años de historia, el Alzheimer es llamada el mal del siglo XXI. La explicación se debe al progreso de la humanidad: una mejor calidad de vida ha logrado que más personas prolonguen su existencia. Para decirlo de manera simple: La enfermedad nutre las estadísticas mientras más personas apaguen las velitas de sus 90 años.

“Mi preocupación por esta enfermedad hoy en Venezuela se focaliza en tres áreas: se ha avanzado poco en la investigación; poca atención institucional y la condición del entorno del paciente”, responde Elda Torres, geriatra que ha sido testigo de la enfermedad en su madre. La doctora Torres se inquieta aún más porque en los últimos 15 años no se ha diseñado una política de Estado para este mal, que en el país afecta a unas 100 personas y ocasiona gastos familiares de unos 10 mil bolívares mensuales.

Pero la fundadora del Laboratorio de Neurociencia de LUZ, Gladys Maestre, quien realiza estudio de los factores que influyen en la aparición del Alzheimer en la población venezolana, advierte algunos factores de riesgo: la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad.

La investigadora señala que el Alzheimer es una enfermedad que afecta a toda la familia. “Los pacientes inicialmente sufren de depresión, su conducta va cambiando. Están despiertos de noche y duermen de día, pero lo más importante es que cada vez se hacen más dependientes de otros porque olvidan cómo vestirse, comer o cómo ir al baño, se vuelven incontinentes, es decir, no pueden estar solos”.

En el país las instituciones que atienden a las personas con Alzheimer no son confiables: los centros que dependen del IVSS no cuentan con personal entrenados para lidiar con pacientes difíciles. El Gobierno termina por dejarle esta labor a fundaciones privadas, que por lo general no cuentan con subsidios, y su afán de solidaridad se extingue con los gastos económicos.

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