No sentir que hay algo vergonzoso en tener a alguien cercano con Alzheimer

SEGUIR AMANDO
Ana Romaz / 22 junio 2012

En el post anterior se habló de cómo explicar la Enfermedad de Alzheimer a niños pequeños con algún enfermo en su círculo familiar; en este quiero compartir con los lectores como hacer lo mismo con jóvenes adolescentes. Poder ayudar a un muchacho joven a llevar lo mejor posible el proceso, en alguien querido, de esta enfermedad es importante para evitarle una posible depresión al no tener recursos con los que afrontar este problema en la familia.

Con ese propósito somos, los adultos cercanos, los que podemos comenzar por explicarle de que manera afecta la E.A. a la estructura del cerebro y a sus funciones y podemos adelantarle algunos de los síntomas que van a ir apareciendo en el enfermo. Eso evitará que le pille de improviso alguna actitud o comportamiento anómalo producido por el Alzheimer. Algunas cosas que pueden ocurrirle al paciente son:

• Le resultará difícil encontrar las palabras que busca, tendrá dificultad para terminar una frase o dirá cosas sin sentido a base de frases hechas. Su capacidad de comunicación irá decreciendo hasta desaparecer.
• Olvidará los nombres de las personas e incluso quienes son.
• No será capaz de aprender cosas nuevas o de seguir instrucciones.
• Repetirá la misma frase o pregunta una y otra vez.
• Perderá cosas con frecuencia, y al no encontrarlas puede culpar a los que le rodean de habérselas robado
• Se sentirá confuso frente al tiempo, los días, horas y estaciones no tendrán sentido para él/ella.
• No sabrá ubicarse y puede querer irse de casa convencido de que no es la suya.
• Puede que llore por cualquier cosa y dé la impresión de ser bobo o no enterarse de nada.
• Puede que ya no se arregle, ni se vista como lo hacía antes.
• Irá olvidando cómo hacer cosas sencillas y cotidianas como: conducir, utilizar la tele o el teléfono, cocinar, bañarse, peinarse o cepillarse los dientes.
• Todo lo anterior le producirá mucha inseguridad que puede expresar a través de sentimientos de miedo, nerviosismo, tristeza, enojo o depresión.

A partir de este punto podemos tratar de ayudar al joven a exteriorizar las tensiones y sentimientos que toda la situación le produce.

Le explicaremos que es completamente normal que en ocasiones se sienta confuso con lo que ocurre, que no quiera creer lo que está pasando- en realidad querríamos que no estuviera ocurriendo-, tenso o cansado por la convivencia con el paciente. Puede que a veces se sienta irritado o molesto por el comportamiento del afectado por E.A. o que se angustie porque un ser querido – abuelo, abuela o incluso mas cercano-, haya olvidado quien es.

El joven debe saber claramente, que en esta situación, sus propios padres están sufriendo de un modo igual o mayor la presión y el desgaste del cuidado del anciano, por lo que no debe interpretar que pasan de él o que no le prestan atención como antes, si no que están mas centrados en el enfermo.

Puede que el joven tenga la sensación de no tener ya una familia “normal” pero hay que hacerle ver que él no es culpable ni de la enfermedad ni del cansancio paterno, que sigue siendo el mismo que antes y que puede ayudar tomando algunas responsabilidades dentro de la familia o ayudando en algunas tareas. Debe ser partícipe de lo que ocurre y de cómo puede afectar a su vida. Y debe vivir esta experiencia como una posibilidad de devolver algo – con su cariño, sus visitas, su paciencia- de lo mucho que puede haber recibido del enfermo.

Ser parte del equipo cuidador puede ser una hermosa lección de vida para un adolescente y aprender a ser más comprensivo y tolerante, ser capaz de ponerse en el lugar del enfermo y tratar de entender sus sentimientos le hará crecer mucho como persona. Y respecto a algo tan importante en estas edades como los amigos lo mejor es que el muchacho hable abiertamente con ellos, les cuente lo que ocurre e incluso como se está sintiendo con el problema. Si son amigos de verdad tendrá en ellos un apoyo que le será muy necesario en las fases finales del proceso por el que va a pasar su familiar.

No debe sentir que hay algo vergonzoso en tener a alguien cercano con Alzheimer, es una tremenda enfermedad que nadie busca ni se merece pero que cuando llega debemos de ser capaces de ayudar, cuidar y seguir amando a la persona afectada.

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