Ojo a los primeros síntomas de Alzheimer para adoptar medidas eficaces

LA IMPORTANCIA DE ACTUAR
7 diciembre 2012

Recientemente he tenido la visita de una tía de la familia. Se trata de la hermana pequeña de mi madre, con quien siempre hemos tenido una relación muy cálida y cercana. Hemos disfrutado de unos días en los que, era inevitable, hemos hablado mucho del Alzheimer y de cómo está afectando a nuestro núcleo familiar.

Cuando mi madre estuvo ingresada durante más de un mes, antes de fallecer, mi tía fue una ayuda impagable. Nada más saber que su hermana estaba hospitalizada llegó dispuesta a ayudar en lo que fuese necesario. Aquellos días en que nos dábamos el relevo unos a otros al pie de la cama del hospital, contar con su apoyo, con su tranquilidad a pesar de la situación que vivíamos, con su cariño fue algo sobre lo que sólo me cabe decir un emocionado ¡gracias!.

Ella pasaba, con cierta frecuencia, temporadas con mis padres. Conocía muy bien las costumbres y rutinas de aquella casa, la de mis padres. Y es por algo que me comentó en una de nuestras recientes conversaciones por lo que escribo hoy este post.

En un momento dado me dijo que mi padre estaba enfermo bastante tiempo antes que mi madre. Eso me chocó, puesto que a él le diagnosticaron varios meses después de haberlo hecho con mi madre.

Al preguntarle la razón de ese comentario me explicó que tanto mi madre como ella observaban conductas extrañas en mi padre: cambios de humor, arranques de ira sin motivo aparente, despistes…

Lo cierto es que aquello me sorprendió. Está todavía fresco en mi memoria lo mucho que nos costó convencer a mi padre para ir al neurólogo, cuando ya sabíamos que mi madre tenía Alzheimer. Y no pude dejar de preguntarle a mi tía… – ¿Por qué nunca nos dijiste nada?. Y ese es el motivo de este post : su respuesta. – No quería que pensarais que me entrometía.

¡Por Dios bendito! ¡Ojala se hubiera “entrometido”! cuanto tiempo habríamos ganado de haber sabido lo que ocurría en la intimidad de nuestra casa paterna. Mis padres vivían solos, todos estamos independizados y, aunque por teléfono o en persona todos los días estábamos en contacto, no compartíamos con ellos el día a día, no podíamos saber de todos esos detalles que nos hubieran hecho saltar las alarmas mucho antes, de haberlos conocido.

En mi familia valoramos mucho la privacidad y quizás pecamos de ser sensibles en exceso a las intromisiones o al temor de cometerlas, pero todo esto me ha hecho pensar que es importante perder ese temor a molestar cuando lo que está en juego es algo tan grave.

Puede ser que alguien no se tome bien un comentario en ese sentido, pero creo que incluso en esos casos, llegará un momento en que nos agradezcan haber llamado la atención sobre señales que podrían pasar desapercibidas.

Cuanto antes se toman medidas en un proceso de Alzheimer mejor evolución podemos ofrecer al enfermo. ¡Por favor! Que ningún exceso de prudencia se lleve por delante la posibilidad de intervenir y frenar el deterioro de alguien cercano.

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