Perder la cabeza

Por: Adrián Liberman L.
Tal Cual Digital

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Las demencias son un conjunto de padecimientos, de las cuales el mal de Alzheimer es la más conocida.

El término alude a una pérdida de funciones superiores, tales como la memoria, la atención, la orientación en tiempo y espacio, entre otras. Esta pérdida se da al tiempo que la conciencia permanece clara, por lo cual la experiencia es fuente de angustia y depresión para quien la padece.

Dentro de estos cuadros, es importante poder diferenciar otros padecimientos que pueden manifestarse con síntomas similares, como depresiones graves por ejemplo.

Quizás lo más sustantivo es poder entender la vivencia de quienes padecen estos síndromes, así como de quienes los cuidan. La experiencia es descrita como ir “perdiendo la cabeza”, sentir que funciones importantes como la memoria y el juicio se van deteriorando.

Es sentir que se va produciendo un desarbolamiento, una creciente falla en situaciones que requieren del almacenamiento y evocación de información significativa.

Las demencias son algo más que una dismnesia, un trastorno de la memoria. El pensamiento, el flujo de las ideas, la capacidad de razonamiento y atención se van viendo afectadas de forma creciente.

La vivencia es de angustia, junto a rabia y tristeza. Se va perdiendo lo ganado con la evolución psíquica.

Las demencias pueden aparecer en diferentes momentos de la vida individual, siendo más frecuentes las que se manifiestan en la tercera edad.

Aunque hay demencias de inicio agudo, otras como la enfermedad de Alzheimer son de inicio lento y progresivo, variando la velocidad de manifestación de los síntomas de persona a persona.

Una de las tareas psicoterapéuticas más importantes que se impone con estos pacientes consiste en el tratamiento y ayuda a la red de apoyo.

Esto es el trabajo con familiares y personal que tiene a su cargo el cuidado de estas personas. Junto a la vivencia angustiosa de experimentar la pérdida de funciones psicológicas, muchas veces los familiares experimentan sentimientos de tristeza asociados a ser testigos del declive de la persona querida afectada.

Sin embargo, hoy en día existe suficiente evidencia que apunta hacia los beneficios que se obtienen de poder organizar el apoyo a estos pacientes a nivel operativo, como emocional.

Las demencias ponen de relieve los efectos de la castración, de los límites y sus consecuencias. Padecerlas es una injuria narcisista, una afrenta al amor propio de toda persona, por lo cual su diagnóstico y curso generan tristeza y rabia.

Acompañar a estas personas y sus familiares es una tarea terapéutica no sólo importante, sino indispensable en tan difícil proceso.

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