Por primera vez científicos logran detener avance de alzheimer en humanos

La semana pasada, Jason Marder (en la foto) cumplió 70 años. Hace ocho le diagnisticaron alzheimer, tiempo en el cual ha experimentado los primeros síntomas de la enfermedad, como pérdida leve de memoria. El es una de las personas, de un total de 20, que participó en uno de los estudios clínicos más esperados sobre este mal y que muestra, por primera vez, resultados exitosos en humanos: tomando cada dos semanas y durante tres años una dosis de Gammagard, un fármaco usado hasta ahora como inmunosupresor en casos de trasplantes y enfermedades del sistema inmune, Jason logró detener el avance del alzheimer. Es decir, en esos 36 meses no registró ni pérdida de memoria ni daño cognitivo.

Su esposa, Karin, dijo en un comunicado que durante el tiempo que lleva probando el nuevo tratamiento, su esposo “no ha disminuido su estado de salud y que su ralentización es la que puede esperarse del envejecimiento normal”, sostuvo, y agregó que su esposo mantiene la autonomía al punto de movilizarse solo en metro o bus.

Esta es la primera vez que se demuestra que es posible detener la progresión del alzheimer en humanos (antes sólo en animales) y por lo mismo ha despertado el interés de la comunidad científica que lo ha calificado como el “tratamiento más emocionante en el desarrollo de las drogas”.

El estudio presentado esta semana en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer que se realiza en Vancouver (Canadá), mostró que los anticuerpos que contiene Gammagard, inmunoglubolina intravenosa (IgIV) son capaces de impedir la disminución de las habilidades cognitivas, memoria y capacidad de vivir de forma independiente en aquellos pacientes con síntomas leves o moderados de alzheimer.

La principal investigación fue llevada a cabo por el Weill Cornell Medical College en Nueva York y reunió a un total de 19 pacientes diagnosticados con alzheimer y con síntomas leves, que ya llevaban al menos 10 años de progresión de la enfermedad. De ellos, cinco recibieron placebo, 11 recibieron una dosis variable del medicamento y cuatro la dosis más alta, cada dos semanas y durante tres años. Todos aquellos que recibieron el medicamento mostraron resultados positivos, pero los cuatro que eran tratados con la dosis más alta y constante, detuvieron su enfermedad, entre ellos Jason. “La enfermedad de Alzheimer progresa durante muchos años. Es crucial que encontremos tratamientos eficaces y a largo plazo”, explicó el líder del estudio principal, Norman Relkin.

En su laboratorio de la U. de Cornell, desde hace tiempo viene estudiando el papel de los anticuerpos de origen natural en los enfermos con alzheimer y otros trastornos neurodegenerativos. A la fecha, han identificado anticuerpos humanos que reconocen la conformación de la placa de proteínas betaamiloide que está implicada en este mal.

Todavía no se sabe cómo actúa el medicamento, pero se cree que combate esta acumulación de proteínas. “Por ahora, no se puede decir qué anticuerpos dentro de la inmunoglobulina causa la estabilización. Se pensaba que el anticuerpo era el que combatía la proteína betamiloide, pero no se sabe si es sólo ese anticuerpo el que hace la diferencia o hay otros involucrados”, explicó a La Tercera la directora médica de la Asociación Alzheimer, doctora María Carrillo.

El próximo paso es realizar este estudio en una población más amplia, cuestión que ya está en marcha y para la que se esperan resultados durante el próximo año.

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