PRIMER PLANO | MURAT EMRE “Soy pesimista con el uso de células madre en el Alzheimer”

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BRU PAPELL

Director de la Unidad de Neurología Conductual y Trastornos del Movimiento de la Universidad de Estambul (Turquía), Murat Emre presenta la mayoría de las características de un buen conversador: habla claro y evitando monotonías, proporciona ejemplos y no parece tener prisa porque la entrevista termine. El especialista turco participó en la reunión anual de la Sociedad Española de Neurología celebrada en Barcelona.

Pregunta.- ¿Qué tienen en común la enfermedad de Alzheimer y el Parkinson?

Respuesta.- Las dos son patologías neurodegenerativas frecuentes, causadas por la pérdida selectiva de neuronas en el cerebro. En ninguno de los casos sabemos con certeza qué provoca la muerte de estas células. Además, los afectados por una de ellas pueden desarrollar signos de la otra y viceversa. En el caso del Parkinson, por ejemplo, a medida que progresa la enfermedad los enfermos desarrollan un tipo de demencia similar a la que provoca el Alzheimer. En este punto, también presentan un déficit de acetilcolina, un neurotransmisor también alterado en el caso del Alzheimer y que es la diana de algunos fármacos contra dicha enfermedad.

P.- Pues estos tratamientos no parecen capaces de frenar el progreso de estos trastornos.

R.- Eso es porque el déficit de acetilcolina no es la causa sino la consecuencia de la muerte neuronal que provoca el Alzheimer. Lo mismo ocurre con el tratamiento para el Parkinson: se administran precursores de la dopamina para compensar la falta de este otro neurotransmisor. Ninguna de las terapias frena la muerte neuronal ni la progresión de la enfermedad. Esperemos que esto llegue con las vacunas y otras aproximaciones que se están investigando actualmente.

P.- Hablemos de ello, ¿cuándo cree que tendremos una vacuna para el Alzheimer?

R.- La mayoría de los estudios en curso se dirigen a reducir la acumulación de una proteína, llamada beta amiloide (AB), en el cerebro. Pero lo cierto es que no estamos seguros si dicha proteína es la causa o el resultado de la enfermedad. Lo importante de esta vacuna es que va a permitir matar dos pájaros de un tiro: veremos si realmente es efectiva y si la proteína AB es un actor de primer orden o uno secundario. Creo que saldremos de dudas en un par de años.

P.- ¿Cuáles son las posibilidades de la medicina regenerativa?

R.- Creo que en el caso del Parkinson es factible, porque reemplazar las neuronas perdidas podría contribuir a recuperar cierto control motor. Pero con el Alzheimer soy un poco más pesimista. Afecta a nuestra memoria, y esto es algo más complejo. Podríamos comparar la memoria con una estatua de mármol que tardamos casi toda la vida en esculpir. Si esta estatua se rompe por algún lado podemos añadir mármol para tratar de rellenar el vacío provocado por la rotura, pero difícilmente conseguiremos tener la misma estatua.

P.- ¿A dónde quiere llegar?

R.- Nuestra memoria depende de un patrón de conexiones neuronales que se han ido acumulando a lo largo de nuestra vida. Para tratar de recuperarla, las nuevas células que introdujéramos en un cerebro afectado por Alzheimer deberían adoptar una red de conexiones similar a la de las muertas, y no estoy seguro que podamos lograr eso.

P.- ¿Qué factores predisponen a estas enfermedades?

R.- Dejando a un lado los casos que se transmiten de forma hereditaria, en el resto creemos que hay una combinación de riesgos genéticos y ambientales. Un portador del gen APOE4, por ejemplo, tiene el doble de riesgo que una persona que no lo tenga de sufrir Alzheimer, pero esto no implica necesariamente que vaya a desarrollarla. Por otro lado, también hay factores ambientales relacionados con dicha patología, como la hipertensión, el colesterol y un escaso uso de las capacidades cognitivas. Algo similar ocurre también con el Parkinson.

P.- ¿Qué consejos les daría a los familiares de afectados?

R.- Les recomendaría que siguieran estos tres pasos: primero, aceptar el diagnóstico; segundo, conocer la enfermedad; y tercero, aprender a lidiar con ella. Es importante entender y aceptar que se está frente a una persona con un trastorno neurológico y que volverse terco, agresivo y rebelde forma parte, a menudo, de este proceso degenerativo.

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