REPROCHES DESDE EL CARIÑO Difícil carta a mi padre, enfermo de Alzheimer al igual que mi madre

Ana Romaz / Actualizado 2 diciembre 2011

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Me siento tan mal, desde hace tiempo, con la actitud de mi padre frente a lo que nos está ocurriendo como familia, que he decidido escribirle una carta para hacerle llegar mis sentimientos.

“Querido Papá,

Hace ya tiempo que necesito y quiero hablar contigo de lo que está ocurriendo en casa. Pero no quieres saber nada de conversaciones, rehuyes los acercamientos y sigues con tu postura de rechazo de la Realidad.

Estás enfermo, tienes Alzheimer, exactamente igual que Mamá, hasta en esto vais juntos. Y estoy segura que tu lo sospechas, si es que no lo sabes con certeza…exactamente igual que te pasa en el caso de Mamá.

El problema no es tu enfermedad, ni la suya, que aún siendo un golpe duro que nos ha dado la vida a todos, a todos, es algo a lo que no cabe más que enfrentarse y punto. El problema es tu actitud frente a esa realidad que nadie puede cambiar.

Llevas mucho tiempo fingiendo que no pasa nada, tratando de disimular cada vez que percibes que no te acuerdas de alguien o de algo, mintiendo y justificando situaciones kafkianas y recurriendo a cargar contra los que te rodeamos, en lugar de tener el valor de afrontar lo que hay y poner de tu parte es este proceso, en el que nunca has estado solo.

No quisiste enfrentarte a la verdad cuando Mamá comenzó a tener perdidas de memoria, escondiste la cabeza como un avestruz y tuvimos que ser nosotros los que tomamos cartas en el asunto y empezamos las gestiones médicas y administrativas para que ella esté lo mejor atendida en cada momento. No has ayudado nada en todo este tiempo, y todos hemos tenido que ver y llorar por la desatención que has tenido hacia ella, en cosas tan elementales que duele nombrarlas: la higiene, el cuidado personal, la atención profesional, que incluso hemos propiciado que sea en vuestra casa y tu insistes en decir que no sirve para nada… en fin, podrías haberlo hecho mucho mejor… si hubieras tenido costumbre de cuidar a alguien, de estar pendiente de alguien. Ya sé que a los hombres de tu generación os educaban para ser atendidos y cuidados, pero hay que saber estar a la altura…¡Que distinto habría sido todo si hubieras enfermado tu primero!

Y, ahora, tu también necesitas ayuda… y yo creo que lo sabes perfectamente, pero la soberbia y el miedo te están haciendo mostrar tu cara más fea, esa que se espera no tener que ver nunca en un padre.

¿No te has planteado que nosotros sabemos de la tristeza, de la inseguridad que sientes cuando te ves desbordado por lo que te rodea? A pesar de lo mal que nos hemos sentido por tu actitud con Mamá, siempre hemos estado dispuestos a ayudaros en todo lo necesario, nosotros y nuestras familias.

Reacciones de niño pequeño

Pero tú, en lugar de aceptar lo inevitable con el mismo coraje y las ganas de vivir que Mamá nos demuestra cada día, reaccionas como un niño y no te tomas una medicación que lo que pretende es ralentizar tu deterioro, ofendes y dañas emocionalmente a los que os cuidan, descalificas a quienes pretenden ayudaros, y así un día tras otro…

Tenéis la enorme suerte de tener una familia implicada en cuidaros, por encima de todo, y no por que os lo debamos (no se traen hijos al mundo como “inversión para cuidados geriátricos”, como has llegado a decirnos) sino por qué nos nace el deseo de veros bien y queremos que el tiempo que Dios os dé lo viváis con el cariño, las atenciones y la preocupación que sentimos.

Si esta carta te ayuda a entender que siempre se puede corregir un rumbo equivocado me alegraré profundamente.

La mejor prueba de mi amor por ti es estar tratando de hacerte apreciar lo mucho que tienes, que no estáis solos, que no lo habéis estado ni lo vais a estar, que esta situación no es una putada que te ha hecho a ti la vida sino algo que nos afecta a todos y ante lo que estamos juntos.

Déjate cuidar, deja que cuidemos de Mamá como se merece, no tenemos otro deseo que saber y ver que estáis bien, y de seguir a vuestro lado.”

Te quiere,

Tu hija

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