REVISTA ESTAMPAS (DIARIO EL UNIVERSAL) Vivir Mejor | Medicar el Alzheimer

por CARMEN ISABEL MARACARA

Laura era un ama de casa “normal”. Estaba dentro de su hogar todo el día, salvo cuando salía a hacer la compra para la comida de su esposo e hijo. Solo estudió hasta el tercer grado de educación primaria, como muchas niñas que nacieron en el país en la década de los treinta, por lo que nunca fue una mujer muy interesada en leer o cultivarse intelectualmente. Pasaron los años y su hijo se casó; su esposo se jubiló, pero pasó a atender un pequeño negocio cerca de la casa, con lo cual continuó en su soledad, ahora agravada. Un día, cuando ya había rebasado los 65 años, comenzó a salir un poco desaliñada, comenzó a dejar de bañarse con la frecuencia de siempre, pero no hubo alarma en la familia. Otro, dejó abierta la llave del gas luego de cocinar. De una mujer dulce, pasó a experimentar rabias difusas. Hasta que alguien alertó al hijo de que había salido de casa medio desnuda: todo el mundo entonces sí supo que algo estaba mal. Pero ya hacía cinco años que comenzaron los signos de un Alzheimer no diagnosticado y, por ende, no tratado a tiempo.

La historia, basada en un hecho real, se repite en muchos hogares. Como es sabido, hoy solo existen fármacos que retrasan la progresión de la enfermedad y permiten una mejor calidad de vida del paciente y, por tanto, del cuidador, pero lo grave es que un porcentaje asombrosamente alto de personas que enfrentan este deterioro cognitivo y de la memoria, no está medicado.

De esto habla un estudio realizado recientemente en Argentina y cuyos resultados fueron presentados en Venezuela por el neurólogo Ricardo Allegri, director del Centro de la Memoria de Buenos Aires y jefe de Neurología Cognitiva de la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (Fleni) de Argentina, en un evento patrocinado por laboratorios Nolver, en el marco del cual esta casa lanzó al mercado su memantina (Eutebrol), la cual forma parte de los tratamientos farmacológicos de la enfermedad de Alzheimer.

Este trabajo, realizado en una muestra de 410 personas entre los 18 y 88 años, hombres y mujeres, y de distintos niveles de escolaridad, arrojó, según Allegri, estos resultados: la enfermedad de Alzheimer es la tercera que causa más miedo -después del cáncer y de un accidente cerebro-vascular-; 60 por ciento de los encuestados piensa que no es fatal o no sabe; solo 25 por ciento sabe que hay medicamentos para tratarla; 88 por ciento quiere saber el diagnóstico si resultara que la tiene; y 90 por ciento se realizaría un test si esto permitiera el diagnóstico correcto.

Para enfatizar este problema de la carencia de diagnóstico y medicación, el especialista mostró los resultados de otra investigación realizada en 2004 en Estados Unidos, que reveló que en el período de 2004-2005 existían 4,5 millones de pacientes en ese país, de los cuales solo 2,2 millones estaban diagnosticados, menos de un millón estaban siendo atendidos y aproximadamente a 500 mil se les estaba administrando medicamentos del grupo de los anticolinesterásicos.

Fármacos a tiempo

Aunque hasta la fecha el Alzheimer es irreversible, si la enfermedad se medica desde los primeros signos clínicos externos, puede lograrse que curse a un ritmo más lento y demorar el momento en que el paciente requiere una atención total, las 24 horas, algo que es muy importante tanto para su calidad de vida como para la de sus familiares por el enorme estrés que genera esta patología en razón del nivel de exigencia de cuidados y por los costos económicos asociados.

En este sentido, Allegri es muy enfático sobre lo que se logra con fármacos como la memantina : “Que dentro de un año esté menos mal de lo que estaría si no las tomara. Esa es la expectativa mínima. De ahí para arriba, si está mejor, todos festejamos”.

Actualmente, hay dos grupos de medicamentos para el tratamiento de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer, uno de ellos es el de los inhibidores de colinesterasa, recetados para tratar síntomas leves a moderados, tales como donepezilo, rivastigmina y galantamina, que ayudan a detener o retrasar la acción de la acetilcolinesterasa, una enzima que normalmente descompone la acetilcolina, neurotransmisor que, según se descubrió a mediados de los setenta, cae bruscamente en las personas con Alzheimer, y que juega un papel fundamental en el cerebro para la formación de recuerdos. Estos medicamentos pueden ayudar a mejorar ciertas funciones del pensamiento, la memoria o el habla, y también a controlar síntomas relacionados con el comportamiento”

Dentro de los medicamentos más recientes, explica Allegri, están los moduladores glutamatérgicos como la memantina, recetada para tratar síntomas moderados a severos de Alzheimer. “Los moduladores, al igual que los anticolinesterásicos, actúan en la interfase, en la sinapsis entre las neuronas e intervienen en el llamado sistema glutamatérgico. Este sistema, sobre todo por un receptor específico, el NMDA, tiene que ver con el aprendizaje, la memoria y la entrada de calcio a las células, que si es excesiva, las mata. La memantina actúa como antagonista no competitivo de ese receptor NMDA, frenando la entrada de calcio, lo cual ayuda a la memoria y protege a la célula para que no se destruya”.

“Ambas familias, la de los anticolinesterásicos y la de los moduladores glutamatérgicos, actúan en forma distinta; si yo quiero ayudar más al paciente y a sus parientes, pueden usarse las dos, porque no compiten”, advierte el especialista.

Además del tratamiento farmacológico debe mantenerse una estimulación cognitiva, ejercicio físico y el estímulo social de la persona. “Es imprescindible mantener al paciente con test de memoria y ejercicios ya que esto permite que la enfermedad evolucione lentamente”, recalca Allegri y agrega que es fundamental el asesoramiento a la familia. “Los familiares tienen una sobrecarga muy grande, debido a que el paciente es absolutamente dependiente, por lo cual hay que disminuir el estrés sobre ellos”.

¿Cuándo preocuparse?

Aunque en cualquier persona pueden ocasionarse olvidos ocasionales, Allegri previene en cómo distinguir lo que él llama un olvido “benigno” de otro que sí debe preocupar.

“En el benigno el paciente olvida parte de una situación, no la situación completa; y lo que se olvidó se recuerda dentro de un rato. El olvido benigno no se acompaña de desorientación. Si se olvida una situación completa, si lo que se olvidó no se puede recordar después, si hay muchas reiteraciones, si se pregunta o comenta varias veces lo mismo, si hay algún episodio de desorientación… Ninguna persona, ni porque tenga 120 años, tiene por qué perderse en un sitio conocido. Uno llega sano al envejecimiento, si se extravía es porque algo está pasando. Ante estos síntomas, hay que consultar a un especialista. Esto no es un Alzheimer necesariamente; si uno está deprimido, puede perderse en la esquina de la casa, pero sí implica que uno consulte”.

Este olvido es progresivo y al igual que se muestra un deterioro cognitivo también aparece el de las capacidades físicas. “Por eso es tan importante el retraso de la progresión de la enfermedad”.

Si se presentan algunos de estos síntomas, sobre todo a partir de los 60 años de edad, debe acudirse cuanto antes a un neurólogo para una entrevista clínica, una evaluación de las funciones cognitivas, diversos exámenes de laboratorio y tests especiales.

¿Puede prevenirse?

Aunque no se conocen con certeza las causas que originan el Alzheimer, se han estudiado varios factores de riesgo que, en forma general y particular, protegen al cerebro y ayudan a su lozanía.

“¿Qué se sabe de la fisiopatología?: 1.- Que existe el depósito de una sustancia entre las células que se llama sustancia amieloide. 2.- Que las neuronas sufren degeneración neurofibrilar y muerte neuronal. 3.- Que todo esto se expresa en deterioro intelectual. Y los factores que juegan un papel aquí van a ser la edad, los genes, el riesgo vascular y los factores de protección como es la reserva cognitiva: cuanta más actividad intelectual, física y social se realice a lo largo de la vida y se cuiden los factores de riesgo vasculares, más tarde se expresará la enfermedad. Es decir, la enfermedad aparece, patológicamente, muchos años antes de que yo la diagnostico clínicamente, pero el momento en que empieza, puede desplazarse para adelante o para atrás, dependiendo de lo que cada quien haga, de cómo juegue con estos factores”, aclara Allegri.

“Si una persona no controla el colesterol, la presión arterial, la obesidad, la diabetes, en etapas tempranas de la vida, en la adultez predispone a que la enfermedad de Alzheimer empiece antes. Hasta hace tres o cuatro años, pensábamos que todo el problema era cuando estábamos ancianos, que había que controlar el colesterol, hacer ejercicio, estar activos, pero en realidad hay que hacerlo mucho antes. Se sabe que 15 por ciento de los pacientes tiene una mayor predisposición genética; el porcentaje restante corresponde a formas esporádicas, que pueden tener algún componente hereditario. Pero hay algo que se llama reserva cerebral y la reserva cognitiva, que son factores de protección. ¿Qué es la reserva cerebral? Todos sabemos que hay gente más inteligente y gente menos inteligente, es una obviedad: la gente más inteligente está más protegida. El concepto de reserva cerebral es casi genético, nacemos con mayores capacidades o menores capacidades y es así, pero hay algo más bonito que es la reserva cognitiva: dos individuos con la misma capacidad, uno la estimuló a lo largo de la vida y otro no lo hizo. El que la estimuló, va a presentar el Alzheimer más tarde”.

La enfermedad, por tanto, puede hacer su aparición tardíamente y con una velocidad menor de progresión si la persona se ha cultivado intelectualmente, tiene relaciones sociales satisfactorias lo que incluye una pareja estable hay mayor prevalencia de Alzheimer entre divorciados y viudos , se alimenta en forma adecuada y se ejercita regularmente unos 150 minutos semanales, pues con el deporte se estimulan las llamadas sinapsis cerebrales; es decir, la conexión entre las neuronas.

La esperanza en los biomarcadores

“¿Qué es lo que viene para los próximos cinco años? Los biomarcadores; nosotros ya los estamos usando en investigación, no en clínica. Hay una forma de diagnosticar la enfermedad más temprano, haciendo estudios, por ejemplo, de determinadas proteínas (beta-amiloides y tau, que tienden a acumularse en el cerebro cuando se padece esta enfermedad) en el líquido cefalorraquídeo, o haciendo una neuroimagen por PET (Tomografía por Emisión de Positrones), para el estudio del depósito o acumulación de la primera. Es decir, podría adelantarse el diagnóstico, ya en investigación y, en los próximos años, en clínica”. Justamente, a principios de mayo, la FDA (Agencia del Medicamento de Estados Unidos) aprobó un reactivo que puede ayudar a identificar la enfermedad en sus primeras fases. El producto, llamado flobetapir, es radiactivo, y está diseñado para unirse a las proteínas beta-amiloides, que serían visibles mediante PET.

Al producirse el diagnóstico con antelación, podrían realizarse acciones para retrasar la aparición de la enfermedad. En este sentido, Allegri explica que hay estudios que demuestran que si se lograra retrasar cinco años el comienzo de la enfermedad, el número de pacientes para esa generación bajaría en 50 por ciento”.

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