TODOS SE BENEFICIAN

Ana Romaz / 1 junio 2012

Hace unos días acompañé a mi padre a su revisión periódica en Neurología, y mientras esperábamos en la Sala de Recepción, encontré unos folletos que me llamaron la atención. Al terminar la visita le pregunté al neurólogo por el folleto y me lo explicó con detalle. Os cuento a continuación de que va esta iniciativa.

Sabemos que todas las enfermedades neurodegenerativas – Alzheimer, Parkinson, ELA o Demencia con cuerpos de Lewy-, constituyen una pesada carga y un drama familiar para los enfermos y sus parientes, puesto que el desarrollo de cualquiera de estas enfermedades priva progresivamente a los afectados de su autonomía, tanto física como intelectual, con el tremendo esfuerzo que ello supone para sus familias.

Se está dedicando un esfuerzo importante en la investigación en Medicina. Se ha avanzado enormemente en el conocimiento del genoma humano, los trasplantes de órganos o los implantes artificiales. Incluso los esperanzadores resultados obtenidos en el campo de la terapia regenerativa permite pensar que en un futuro no muy lejano se pueda tratar las enfermedades neurológicas con éxito.

Aunque la investigación llevada a cabo en las últimas décadas ha logrado paliar y ralentizar los síntomas en muchos casos, no se ha dado todavía con los medicamentos que puedan parar el proceso de degeneración y muerte de las células.

En este camino de investigación se trabaja sobre células cultivadas en laboratorio o utilizando animales de experimentación. Sin embargo, es imprescindible disponer de tejido cerebral humano para poder avanzar en la investigación. Ante el crecimiento del número de afectados por estas enfermedades se hace cada día mas perentoria la necesidad de tener cerebros para investigar.

Por este motivo, desde hace años, se están creando los BANCOS DE CEREBROS en todo el mundo. Al igual que, si somos donantes, nuestros órganos pueden salvar varias vidas, una vez fallecidos nuestro cerebro y el de nuestros familiares aquejados por una enfermedad neurodegenerativa pueden contribuir en la investigación.

La investigación sobre el Alzheimer, en particular, ha avanzado gracias a los pacientes que donaron sus cerebros para el estudio post-mortem de los trastornos y cambios moleculares y celulares que la enfermedad había causado en su cerebro.

Cualquier persona puede ser donante, y es tan necesario el tejido sano como el enfermo, porque los estudios necesitan comparar efectos en ambos tejidos. El único requisito imprescindible es hacerse DONANTE, tanto si estamos sanos como si no. Sólo hay que buscar el Banco de Cerebros más cercano a nuestro domicilio y ponernos en contacto con ellos. Nos facilitarán la documentación informativa que debemos conocer y nosotros sólo hemos de firmar el documento de donación.

Y el procedimiento es rápido y sencillo: una vez se produce el fallecimiento los allegados deben ponerse en contacto con el Banco, que se ocupará de la extracción del tejido y evitará, en todo momento, interferir el proceso de duelo familiar. De esa muestra se obtiene el diagnóstico definitivo del donante, que se le entregará a la familia algunas semanas mas tarde. Y la parte restante se congela y se archiva para su utilización en laboratorio.

La donación no supone ningún gasto adicional para la familia ni tampoco es un trastorno dentro del proceso posterior al fallecimiento. El Banco se encarga de las gestiones con rapidez y eficacia y con suma delicadeza ante los sentimientos de los familiares del fallecido.

En todo el proceso los datos personales son tratados con la mayor confidencialidad y el Banco velará por cumplir las exigencias éticas y científicas establecidas.

Creo que si tenemos un familiar afectado estamos más sensibilizados al grave problema que estas enfermedades suponen, y poder contribuir a investigar sobre su curación es una buena manera de honrar la memoria de nuestros familiares.

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